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viernes, 20 de mayo de 2022

EXILIO

Quiero creer que nunca voy a parar de sentir, quiero aferrarme a la idea de que mi alma jamás dejará de provocar sensaciones, a veces inexplicables. 

Que voy a vivir mi vida como pueda hacerlo; no como se supone que deba. Que voy a despertar feliz o a veces triste. A despertar lleno de energía, y a veces cansado. Que voy a iniciar el día durmiendo después de amanecer en una fiesta o despertando con un café caliente para el comienzo de un día ajetreado.

Que no me voy a retirar al exilio sin emociones, que nunca voy a parar de crear, ni de creer. 

Quiero creer que nunca voy a dejar de llorar; muy tarde por la noche, en la madrugada o durante la hora de la comida. Ya sea por extrañar el abrazo de mis padres, por acordarme de la risa de algún hombre, por pensar que mis amigos se irán de mi lado. 

Quiero creer que nunca pondré a mi alma en un exilio sin lágrimas. Que nunca voy a dejar de escribir estas ideas en las notas de mi celular. 

jueves, 7 de abril de 2022

ME ESCONDO

Me escondí en el baño de la primaria el día que un niño mayor que yo me llamó 'Ganzo', lloré en silencio y sin decirle a nadie mientras trataba de entender el por qué sus palabras me habían herido tanto. 

Tuve que ocultar mis emociones el día que me descubrí enamorado de un amigo de la secundaria, vivir con la frustración eterna de nunca poder compartirle las emociones que se abrían paso en mi corazón. 

Ya en la prepa, tuve mi primera cita: un muchacho y yo fuimos al cine, nos tomamos de la mano nerviosamente debajo del soporte de los asientos; no vaya a ser que alguien nos viera y pudiera decirnos algo hiriente. 

Tuve que mentir varias veces a mis padres para salir con el que fue mi novio, no estaba listo para exponerme con ellos de esa manera. 

Y todavía a veces me escondo: escondo mis emociones para no incomodar a alguien, escondo mi llanto por qué aún me acompleja que los demás me vean vulnerable, pero ya no me quiero esconder, porque mientras otros gritan orgullosos sus ideas, yo crecí escondiéndome para no acabar señalado como un error. 


martes, 29 de marzo de 2022

LA VISITA

Como un eco, escucho palabras salir de mi boca, se han acostumbrado a vivir en mi cabeza que ahora les parece raro existir afuera. Como un eco las veo, como un eco mi rostro en el de los demás, mis recuerdos en los de los demás, mis historias en los demás. 

Se vuelven más complejas, la salida de las ideas, es sentirse feliz y luego volverlo un recuerdo melancólico, es el enojo que rápido se vuelve cariño, el miedo que se ha vuelto un recuerdo ansioso, es las risas vueltas llanto y las peleas convertidas en un puñado de historias con grietas. 

¿Qué soy? ¿qué creo que soy? las respuestas están por ahí inciertas. Me visitan como un eco. Se han vuelto anexos de mi cabeza, capítulos en estantes que aparecen de repente.

Extraño a mamá y papá, 

quisiera ser más, 

quisiera dar más de mi. 

Quisiera no haber tenido miedo de hacer las cosas que quería hacer, 

quisiera no haber sido necio, 

quisiera no haber bebido esa copa de más 

o llamado a alguien más. 

Quisiera no sentir el peso de mi existencia tan constante, 

quisiera haberte dado un último abrazo, 

quisiera haber sido más valiente, 

quisiera tomar todo eso que ya no existe y volverlo imágenes y letras y luego tirarlas, 

que me duelan, 

que me hagan llorar. 

Pero al mirar atrás,  todo es un eco de lo que fue y que ya no existe. De los quisiera imposibles, pero que poco a poco se han vuelto diferentes historias, a su modo, como les sale, como se puede y no queda de otra más que vivirlo. 

Me visita la idea de lo que pude haber sido, y me veo a mi mismo con la idea de lo que soy ¿cuál es mejor? Supongo que esta en la que me ha agotado el sol, y ma ha hecho escribir estas letras; redudantes, repetitivas, la misma idea una y otra vez, el eco mismo. 

Porque al ver a mi alrededor, al ver a todos irse, no queda nada, más que una vez más las palabras en mi mente, mis recuerdos en mi mente. Y sentarme en esta sala, y pensar en que es lo que me gusta de mi, para aferrarme a nada, más que mi mismo. La única constante, el eco de mi vida. 






lunes, 21 de marzo de 2022

INCONSCIENTE

A menudo y a veces por aburrimiento consumo y vivo del alcohol. Tomo la botella más cercana y me dejo caer en sus notas para olvidarme de lo que soy o de lo que creo que soy. 

Ya no importa el día, ni la hora. Bebo sin medida y a veces hasta acabar inconsciente, me lleno para luego vaciarme, para que de a poco se me olvide la melancolía de mi interior. 

El calor de la ciudad coopera para que las noches se llenen de ese elixir embriagante, me regodeo en mi música triste y estas letras que se hacen paso por mi boca  hasta mi sistema nervioso. 

Me veo como esas botellas de cristal o plástico, tan traslúcidas como mi dolor latente y persistente en mi piel. Es tan fácil que los demás me lean. Si estoy triste, enojado, feliz o alocado, da igual. Es fácil que me lean. 

Me gusta pensar en el alcohol y en como nos parecemos. Doloroso, intenso y embriagante, traslúcido y me gusta recordar todas esas noches que terminaron mal, las atesoro con cariño, incluso aquellas donde terminaba inconsciente, llorando como un niñato perdido.


lunes, 14 de marzo de 2022

LA SOMBRA

En los rincones de esta casa, me espera impaciente. Una sombra que se alimenta de la piel muerta que voy dejando por ahí, del recuerdo latente que todavía eres, una sombra que se alimenta de mi. 

Es una verdad que a propósito se esconde y se muestra a medias. A la hora de la siesta o muy temprano por la mañana. Debajo de la cama o dentro de la habitación vacía. 

Le temo. Le ansío. Le lloro. Le rezo. Le odio. Le escupo. Le miento. Le río. Le piso. Le venzo. 

Lloro en los rincones, como la sombra. A medio día y durante la puesta de sol. Entre las plantas y la sombra que ilumina el sol.

Te extraño, y no puedo hacer nada contra eso. Sólo vencer a la sombra, para que de apoco se apague hasta covertirse en rayos de sol, de este sol que poco a poco anuncia una nueva estación.  

lunes, 21 de febrero de 2022

Janis Joplin y Mr. Bean

El el patio, secándose. Olvidada quedó la playera azul. Secándose bajo el sol después de un día en la playa; aún con restos de arena y húmeda del agua salada del mar. 

Tardé varias semanas en decidir que hacer con ella, en donde poner el bien que habías olvidado y por el que no ibas a volver más. 

La lavé, deje ir por la coladera los restos de piel muerta y el olor a protector solar que desprendía tu cuerpo aquel día. Debo admitir con vergüenza, que la olisqueé un par de veces para no separarme tan rápido de tu recuerdo, para tratar de volver a aquellos días fugaces en los que visitaste conmigo el mar. 

La guardé en mi buró con la idea bizarra de que algún día volverías por ella. Al guardarla, pensé en Janis, y aquél día a 40 grados en el que nos bañamos bajo la regadera con agua hirviendo mientras sonaba Summertime. 

Esta mañana de Domingo, desperté, abrí el cajón del buró y vi aquél estampado pop art de Mr. Bean sobre aquella playera de algodón. Me la puse, mientras sonaba una vez más Summertime de Janis Joplin. 

Y pensé en aquella primavera, en el mar, en el aroma a bloqueador solar que aún desprendía la prenda. Y canto esta mañana, y pienso en el calor y en lo mucho que me gusta el mar y los recuerdos de tiempos en los que fui a ratos feliz. 


lunes, 31 de enero de 2022

ROJO

A veces tiembla mi cuerpo, se estruja, se contrae. Creo que es la sangre que he ido perdiendo en el tiempo. Es poner la mejilla y luego la otra, dejar sangrar mi nariz o una herida en la boca. 

Luces de semáforos, las parpadeantes de un bar, mi cerveza oscura, o el picante en mis frituras. Se meten por mis ojos, atraviesan las paredes de mi alma. 

Y ya no quiero tener miedo, ya no voy a tener miedo. De correr por la calle, de sonreírle a los extraños, de llorar porque quiero, de pelear por mi vida. 

Mis botas rojas que caminan calles, mi lengua roja que disfruta de los sabores y las salivas de otros amores, mi pecho rojo que se abre como un templo, el rojo de mi sangre que borbotea de calor. 

Cuando era niño, mi color favorito era el rojo, tal vez el fuego, tal vez su intensidad. Vuelvo a ese niño a veces, y le sonrío e intento ser un poco el héroe que necesitaba yo.