Me como las uñas, es un grito desesperado, es mi angustia vuelta acción, es mi dolor vivo por tu ausencia.
Me como las uñas, las mastico, las arranco, las mallugo, las juego un rato en mi boca y las escupo después al aire.
Me como las uñas y también los pedazos de carne a su alrededor, son el recuerdo de mi dolor, son el recuerdo de mi ansiedad. Trato de arrancarlos en forma de piel.
Me como las uñas, arranco mi carne, arranco los pedazos de mi que duelen y que me tienen pensando en ti.
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sábado, 2 de septiembre de 2017
miércoles, 23 de agosto de 2017
TODO AQUELLO QUE NO SOY
Quisiera ser más alto, para no tener que usar un banco al tener que alcanzar las cosas que están muy arriba.
Quisiera ser más delgado, para que mi panza no desbordará alrededor de mi cintura cada que aprieto el cinturón.
Quisiera ser más guapo, para que no tuvieses que ver a otros, para que no tuvieses que verlo a él.
Quisiera ser más inteligente, para que mis pensamientos te bastaran y para que mis palabras te calmaran.
Quisiera ser más sensato, para que mis consejos te aliviaran y para que mis silencios te tranquilizaran.
Quisiera salir de mí, quisiera no ser, quisiera no ser este cúmulo de errores que han traído decepción y angustia.
Quisiera ser más delgado, para que mi panza no desbordará alrededor de mi cintura cada que aprieto el cinturón.
Quisiera ser más guapo, para que no tuvieses que ver a otros, para que no tuvieses que verlo a él.
Quisiera ser más inteligente, para que mis pensamientos te bastaran y para que mis palabras te calmaran.
Quisiera ser más sensato, para que mis consejos te aliviaran y para que mis silencios te tranquilizaran.
Quisiera salir de mí, quisiera no ser, quisiera no ser este cúmulo de errores que han traído decepción y angustia.
miércoles, 9 de agosto de 2017
El niño que no sonreía
Mi trabajo me ha obligado a toparme todos los días con niños, a grabarlos, a fotografiarlos. Mi trabajo consiste en ver sus caras todos los días y casi todo el día.
Solo hay algo que puedo ver en sus caras, y es un estúpida ingenuidad que a veces me causa envidia, un anhelo extraño que viene a mí por momentos de la mañana e incluso por la tarde.
Yo nuca fui un niño con cara linda, nunca tuve una bella sonrisa y creo que pocos recuerdos que poseo de mi infancia son de alegría pura.
Odio que llueva, odia sentirme tan frágil y débil frente a la gente, odio no poder odiar a alguien y odio a chorros el sentirme inseguro la mayor parte del tiempo.
Hay un vacío en mí, un vació donde se supone que deberían existir momentos de pura felicidad y alegría desmesurada, pero no, a cambio de eso tengo recuerdos de inseguridad, torpeza, disgusto de otros hacía mi, poca aceptación e insultos agridulces que se han acumulado en mi cerebro y creo que nunca dejarán de estar ahí.
Observo las fotos de los niños y no puedo sentirme igual a ellos, no puedo sentirme identificado, siempre fui aquel niño que no sonreía.
16:26
Estoy apartado de todo, el lugar es frío y solo edito. Ni siquiera lo hago con el sonido natural del video, más bien decido agregar otra melodía más a mi gusto.
Estoy cansado, no se de que, no sé por qué, pero apenas y puedo mantenerme con los ojos abiertos.
Mi labio duele, mi frente duele, mi oreja duele. Siento un vacío en la existencia de los demás, siento un vacío en la mía, siento nauseas por lo que que se supone que es mi vida.
Una ligera ráfaga de emociones me incita a llorar, mis ojos quisieran deshacerse, volverse agua, pero una vez más debo contenerlo.
Contenerlo, contenerme, contenerme como he hecho toda mi vida, contener.
He cambiado, cambiar duele.
Estoy cansado, no se de que, no sé por qué, pero apenas y puedo mantenerme con los ojos abiertos.
Mi labio duele, mi frente duele, mi oreja duele. Siento un vacío en la existencia de los demás, siento un vacío en la mía, siento nauseas por lo que que se supone que es mi vida.
Una ligera ráfaga de emociones me incita a llorar, mis ojos quisieran deshacerse, volverse agua, pero una vez más debo contenerlo.
Contenerlo, contenerme, contenerme como he hecho toda mi vida, contener.
He cambiado, cambiar duele.
domingo, 19 de marzo de 2017
Esta historia que somos nosotros
Era una mañana de Enero cuando escuché su voz, de repente
elevé mi mirada y me topé con su rostro. Voz y rostro. Ambos igual de
impactantes, me tuvieron desde el inicio. Él era una de esas personas que
hablan y te golpean el estómago con sus palabras. Con todo él.
Mi miserable vida parecía insignificante junto a todo lo que
él representaba. Inteligencia, presencia y un toque de algo que no se que era,
pero estaba seguro que fue lo que me atrajo.
No realice ningún movimiento ante él, no quise lucir torpe o
como un idiota más de tantos que seguramente le habían coqueteado. No quería
ser como ellos; yo quería ser especial. Y mi miedo a descubrir que no lo era,
me impidió articular alguna palabra o teclear algún saludo.
Decidí tirar la espada y rendirme ante una batalla que ni
siquiera había iniciado. No me sentía un contendiente digno.
A la distancia te quería, siempre te observaba en secreto.
Esperaba toparme contigo en los pasillos. Contaba el número de veces que veía y quería morirme los
días que tu rostro no aparecía por allí.
Fue una grata sorpresa toparme con un mensaje suyo, alguna tarde de algún día que no recuerdo muy bien, pero lo que sí recuerdo es la emoción de aquel especie de triunfo que atesoré en mi corazón, y del que decidí no hacer alarde o compartirlo con alguien.
Pero eso fue todo. No pasó nada más. Yo me sentía poco apto y tú creíste que era falta de interés. Error mío, error tuyo. Error de ambos.
Fue una grata sorpresa toparme con un mensaje suyo, alguna tarde de algún día que no recuerdo muy bien, pero lo que sí recuerdo es la emoción de aquel especie de triunfo que atesoré en mi corazón, y del que decidí no hacer alarde o compartirlo con alguien.
Pero eso fue todo. No pasó nada más. Yo me sentía poco apto y tú creíste que era falta de interés. Error mío, error tuyo. Error de ambos.
Estaba un poco obsesionado contigo. Con tus ideas sueltas y
libres, pero mucho más con tu prosa. Por precisa. Por violenta. Muy de acuerdo
en tantas de las cosas que decías, y en otras, pues no. Lo que sí es que me
tenías enamorado de tu forma tan exacta de decirlas.
Odiar siempre, y mucho los lugares comunes. Gracias por eso. No ir con el cauce del río. Mejor guardar silencio que hacer preguntas innecesarias.
El tiempo pasó, nuestros caminos cada vez se hicieron más lejanos. Días, semanas, meses, ya no te veía. La distancia era atroz.
Mientras tú te envolvías con otros artistas que te pintaban, te fotografiaban y se daban un festín con tu cuerpo, yo me encontraba lejos, muy lejos. Preocupándome por mi, y saliendo todas las noches a beber, quizá para encontrarme entre las botellas vacías, quizá para olvidarte o quizá para tener el valor de hablarte una vez más.
La época de oro de ambos, la época del hedonismo, del
sufrimiento, de la depresión. Una época de fiesta, de dolor. Donde no sabíamos
quienes éramos, donde el dolor de nuestros pasados nos llevó a caminos
extraños, donde cualquier caricia era aceptada para no estar solos.
Cuando la luna comenzaba a desaparecer a altas horas de la madrugada, veía tu rostro en mi mente. Tan claro y tan borroso. Tan lejano como tan cercano. Como un colibrí revoloteando entre mis párpados, como un león rugiendo desde mi interior, como un mono quitándose los piojos.
De repente nos saludábamos a la distancia. Una distancia de kilómetros. Una distancia entre dos cuerpos. Una distancia llena de ansiedad, incertidumbre y a veces de indiferencia.
Cuando la luna comenzaba a desaparecer a altas horas de la madrugada, veía tu rostro en mi mente. Tan claro y tan borroso. Tan lejano como tan cercano. Como un colibrí revoloteando entre mis párpados, como un león rugiendo desde mi interior, como un mono quitándose los piojos.
De repente nos saludábamos a la distancia. Una distancia de kilómetros. Una distancia entre dos cuerpos. Una distancia llena de ansiedad, incertidumbre y a veces de indiferencia.
El olvido parecía la solución de este cuento. Se veía fácil,
era lo más sencillo, pero nos arraigábamos el uno al otro sin saber exactamente
el por qué.
Volví, volviste, volvimos.
Una noche cálida te encontré, me encontraste. Nos
encontramos en el tumulto de un bar. Sabiéndonos perdidos y encontrándonos una
vez más. Tiempo después, con las esperanzas casi muertas.
Me topé una vez más con tu sonrisa. Lucías débil, y azotado por las noches de desvelos provocados por el desamor y la incertidumbre. Yo apestaba a alcohol y a los miedos que seguía arrastrando a un después de haber tocado el cielo.
Me topé una vez más con tu sonrisa. Lucías débil, y azotado por las noches de desvelos provocados por el desamor y la incertidumbre. Yo apestaba a alcohol y a los miedos que seguía arrastrando a un después de haber tocado el cielo.
Apenas y hablamos. Nos dimos cuenta del como habíamos cambiado a un instante de vernos. Parecía que todo terminaría ahí, dos conocidos reencontrándose en la oscuridad de un bar. Me saludaste y te fuiste. Me saludaste y te deje ir. El final.
Unos días después, me hundí en cerveza. Fría y amarga.
Después del que creí el fin, me decidí por dar señales de vida. Un último
movimiento. Lo que fuera por no dejarte ir. Por no dejar morir esta historia en
silencio, pero que tanto estruendo había causado en mi interior.
Te mande una señal, mi última patada de ahogado, un mensaje
que me liberó, que liberó mis ansias de tenerte entre mis brazos, que liberó cualquier prejuicio que pudiese haber quedado en mi interior.
Nos vimos una vez más, entre luces neón y tragos de alcohol
barato. El lugar estaba vacío, a excepción de nuestros cuerpos y las ganas
inevitables de tocarnos el uno al otro.
Entre la oscuridad y las luces parpadeantes, vi una vez más
tu rostro. Tu piel era tan bella como la recordaba, tus rizos desordenados
adornaban esa cabeza llena de ideas explosivas.
El lugar se ensordeció, la música no existía, flotamos. Sin
darnos cuenta chocamos nuestros labios y nos fundimos en un beso sabor a
tequila que deseaba ser desde hace un año atrás.
Y así fue el inicio de esta historia, mi historia con un
pequeño, un pequeño que me crea y me destruye. Un pequeño que me engrandece y
me contiene.
Y esta historia que somos nosotros, no podría haberse
contado de otra forma.
Azul neón
Un foco azul neón alumbra el lugar. No puedo ver las caras de nadie, no puedo percibir quienes son, y mucho menos puedo ver quién quieren ser. No pertenezco a este lugar, no se qué hago aquí.
Tanto tiempo desperdicié, tanto tiempo me esforcé por pertenecer a un lugar que por sí solo ni pertenece, no se sostiene y no tiene razón de ser. Un lugar donde no puedes ver las verdaderas almas. Un lugar poco sensible, sin brillo.
De repente, me encontré en este lugar, como muchas veces lo estuve antes, donde tantas veces me sentí bien, donde tantas veces me perdí. Me encontré en este lugar, perdido, angustiado. No me sentí como las otras veces, no me sentí bien.
Parado, de pie, en este lugar, dándome cuenta que no había nada para mí, ni nada de mí para ellos.
La fiesta vacía, el alcohol insípido, las almas simples. Nada.
domingo, 12 de marzo de 2017
no tengo rostro/espejo
La habitación estaba llena , una luz estroboscópica retumbaba sobre los rostros de personas que no conocía.
En medio del ruido de la música, me sentí sordo, me sentí ciego, me sentí perdido.
Sentía una soledad que no había sentido hace mucho, me sentí abandonado.
La música era hartante, el aire pesado y mi estomago dolía, quizá era por tanto refresco que había tomado, o quizá era la mezcla de sensaciones de las que ya hablé.
Nunca me sentí completo, nunca me sentí parte de ningún lado, a pesar de que me esforcé por serlo, a pesar de que pase la mayor parte de mi vida poniendo cosas sobre mi para encajar.
De repente me sentí de 13 años, obeso, inseguro e infeliz. Todo eso lo sentí de nuevo.
Me sentí en el medio de mi adolescencia, rodeado de la peste de mi ingenuidad, de esa inseguridad que nunca se me ha quitado.
Y al final dentro de toda esa mezcla de sensaciones y de personajes, lo vi a él entre la luz. Vi su rostro una vez más, confirmé que jamás sería parte de él, que jamás estaría satisfecho conmigo, jamás sería suficiente para él.
Y quizá jamás lo seré para nadie.
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